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LA HISTORIA REAL QUE MOTIVO A LA REALIZACIÓN DE “EL HOMBRE ELEFANTE

“Cuando Joseph Merrick regresó solo a Londres, estaba tan agotado y su habla era tan difícil de comprender que no pudo explicar a la policía quién era. La única respuesta que consiguió ofrecer fue una tarjeta guardada entre sus pertenencias.

Llevaba el nombre de Frederick Treves, el médico que lo había examinado dos años antes.

Aquel pequeño rectángulo de papel terminó conduciéndolo hacia el único hogar estable que conocería durante su vida adulta.

Joseph Carey Merrick había nacido en Leicester, Inglaterra, el 5 de agosto de 1862. Durante sus primeros años parecía un niño saludable, pero hacia los cinco comenzaron a desarrollarse crecimientos irregulares en la piel y los huesos. Su cabeza aumentó de tamaño, la mano derecha se volvió desproporcionadamente grande y varias masas dificultaron progresivamente su movimiento, su alimentación y su manera de hablar.

Su familia creyó que la causa había sido un susto sufrido por su madre durante el embarazo, cuando estuvo cerca de un elefante durante una feria. Era una explicación basada en la antigua idea de que las impresiones emocionales de una mujer embarazada podían modificar físicamente al bebé.

Joseph también la creyó durante buena parte de su vida.

Actualmente se considera muy probable que padeciera síndrome de Proteus, una alteración extremadamente rara que provoca el crecimiento desigual de huesos, piel y otros tejidos. Sin embargo, nunca se obtuvo una confirmación genética definitiva y el diagnóstico continúa siendo retrospectivo.

La persona más importante de su infancia fue su madre, Mary Jane. Cuando ella murió de bronconeumonía en 1873, Joseph tenía once años. Años después describió aquella pérdida como la mayor desgracia de su vida.

Su padre volvió a casarse y el ambiente familiar se deterioró. Joseph dejó la escuela, trabajó enrollando cigarros y posteriormente intentó vender artículos de puerta en puerta. El crecimiento de su mano le impedía realizar trabajos delicados, mientras su apariencia y la dificultad para pronunciar palabras alejaban a muchos clientes antes de que pudiera ofrecerles algo.

Tras varios conflictos en casa, se marchó. En 1879, con diecisiete años, ingresó voluntariamente en el asilo de pobres de Leicester.

Permaneció allí durante aproximadamente cuatro años.

En 1884 tomó una decisión que suele presentarse únicamente como explotación, aunque para él también representaba una posible salida. Se comunicó con el empresario Sam Torr y propuso exhibirse públicamente. El espectáculo recibió el nombre de “El Hombre Elefante”.

Joseph obtenía una parte de los ingresos y vendía un pequeño folleto autobiográfico. Durante un tiempo consiguió ganar dinero, desplazarse y vivir fuera del asilo. En Londres fue presentado en un local de Whitechapel Road, justo frente al London Hospital.

Allí lo conoció Frederick Treves.

El cirujano lo llevó al hospital, midió sus crecimientos, tomó fotografías y lo presentó ante la Sociedad Patológica de Londres. Joseph aceptó inicialmente los exámenes, pero terminó rechazando nuevas exhibiciones médicas porque se sentía tratado como un animal mostrado en un mercado.

Cuando las autoridades comenzaron a cerrar esta clase de espectáculos, sus representantes lo enviaron al continente europeo. En Bélgica, un administrador lo abandonó después de apropiarse de las aproximadamente cincuenta libras que Joseph había conseguido ahorrar.

Sin dinero y prácticamente solo, logró regresar a Inglaterra en junio de 1886. Al llegar a la estación de Liverpool Street, una multitud se reunió a su alrededor. La policía lo apartó, pero no conseguía entender lo que intentaba decir.

Entonces apareció la tarjeta de Treves.

El médico acudió a la estación y lo llevó al London Hospital. Joseph sufría agotamiento y bronquitis. El establecimiento no estaba diseñado para alojar permanentemente a personas consideradas incurables, pero su presidente, Francis Carr-Gomm, publicó una carta solicitando ayuda.

Las donaciones permitieron acondicionar habitaciones para él.

Durante los cuatro años siguientes, Merrick leyó, escribió cartas, recibió visitas y construyó una detallada maqueta de una catedral. Pudo asistir al teatro y pasar temporadas en el campo, lejos de las miradas que convertían cualquier salida por Londres en una experiencia angustiosa.

También conoció a Alexandra, princesa de Gales, quien continuó enviándole tarjetas y regalos. Para Joseph, acostumbrado a que muchas mujeres retrocedieran al verlo, ser tratado con naturalidad tenía un valor difícil de medir.

El 11 de abril de 1890 fue encontrado muerto en su habitación. Tenía veintisiete años.

Debido al peso de su cabeza, normalmente dormía sentado. El informe oficial concluyó que había muerto por asfixia al quedar acostado con la cabeza presionando la tráquea. Treves creyó que Joseph había intentado dormir horizontalmente como otras personas, aunque nadie presenció lo ocurrido y esa explicación nunca pudo demostrarse.

Durante décadas, libros, obras teatrales y películas lo llamaron erróneamente John Merrick. El error procedía de las memorias publicadas por Treves mucho después de su muerte. Su certificado de nacimiento, sus documentos y el folleto autobiográfico confirman que su verdadero nombre era Joseph.

El mundo recordó primero el apodo creado para exhibir su cuerpo.

La historia tardó mucho más en devolverle lo esencial: su nombre y la certeza de que detrás del espectáculo siempre hubo una persona inteligente, sensible y plenamente consciente de la manera en que los demás la miraban.

LA HISTORIA REAL QUE MOTIVO A LA REALIZACIÓN DE “EL HOMBRE ELEFANTE

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